"Es necesario pasar a políticas de oferta que garanticen un crecimiento a largo plazo"

La situación de la economía española y la superación de la misma constituye en estos momentos el centro de un debate en el que las opiniones son muchas, pero las fórmulas de resolución parecen limitadas. Valentí Pich, presidente del Consejo General de Colegios de Economistas, apuesta por reequilibrar los sectores productivos, otorgando un mayor peso al sector industrial, y priorizar la formación de la población activa como medidas indispensables para resurgir de la crisis.

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Espaciobusiness. ¿Usted ha mencionado en alguna ocasión que los "excesos financieros" cometidos por todos en el pasado fueron un error que se ha demostrado con esta profunda crisis ¿a que excesos exactamente se refiere usted?

Valentí Pich. Durante la primera década del siglo, tras superar la burbuja de las empresas tecnológicas, ha tenido lugar un proceso de crecimiento de la oferta de dinero barato -los tipos de interés se encontraban a tipos desconocidos-, lo que ha espoleado la demanda de crédito, tanto por parte de las empresas como por parte de las familias, para la adquisición de todo tipo de bienes.

Si bien este crédito se centró especialmente en el sector de la construcción, y en concreto en el mercado de la vivienda residencial, produciéndose una carrera demanda-precios difícil de detener, ya que quien no compraba hoy, sabía que mañana le costaría más caro. De este modo, se produjo un crecimiento excesivo de este sector.

El proceso lo alimentó un sector financiero que concedía las hipotecas destinadas a la compra de vivienda con unas garantías que implicaban una previsión de subida continuada de los precios de las mismas.

Cuando aparece el riesgo de los impagos por una falta de garantías, que a su vez se reducen aun más ante la previsible caída de la demanda y de los precios, como así ha sido, estalla la burbuja. En este proceso, muchas familias que solicitaron una hipoteca para adquirir una vivienda en unas condiciones muy favorables, a tipos de interés muy bajos, habían creado también inconscientemente su pequeña burbuja y, ante el previsible crecimiento de los impagos, el sistema se viene abajo.

Lo sucedido pone de manifiesto que conocemos los mecanismos que funcionan en estos procesos, pero resulta muy difícil, por no decir imposible, pararlos una vez desencadenos. De hecho, aún cuando alguien o alguna institución tuviera clara la imposibilidad de que el proceso siguiera, resulta muy difícil adoptar decisiones en contra de la corriente mayoritaria, ya que si actúa de esa manera en un mercado desregulado y libre, y el proceso dura lo suficiente, aunque los hechos posteriores le dieran la razón, podría estar ya fuera del mercado.

Por lo tanto, creo que habría que profundizar en el conocimiento de los comportamientos sociales y establecer regulaciones que permitan abortar a tiempo estas dinámicas en espiral difíciles de frenar en otro caso.

E.B. ¿Cómo se ha comportado el sistema financiero español con esta crisis?

V.P. El proceso en España en la concesión de créditos es similar a lo expuesto anteriormente. Estando estos por encima de las garantías que se exigían, una vez que se desencadenó la crisis, quedan claramente inferiores al valor del bien hipotecado.

Sin embargo, el sistema financiero español está sometido a una regulación y a unos controles mas estrictos que en otros países occidentales, tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea, como consecuencia de las medidas adoptadas en la crisis de las entidades financieras que tiene lugar en España a principios de los años 90.

De manera que, si bien el proceso de expansión del crédito se produce de forma similar a otros países, la crisis se ha visto agravada en el caso de España, al igual que en Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda, entre otros, por una expansión excesiva del sector de la construcción. Sin embargo, las garantías con que contaba el sector financiero en su conjunto para soportar la situación eran mayores, lo que dio tranquilidad, mientras que en estos otros países se producían quiebras de entidades financieras tradicionales, como es el caso de Lehman Brothers en Estados Unidos, por ejemplo.

Tampoco lo anterior quiere decir que no se hayan producido tensiones en el sector, ni que no hayan surgido problemas en determinadas entidades financieras, especialmente en las cajas de ahorro donde el peso de los créditos al sector ha sido mayor, tanto a las empresas como a las familias, pero confiamos en que la reestructuración se produzca sin factores externos que lo compliquen.

E.B. ¿La situación económica en la que nos encontramos ha sacado a la luz las principales carencias y debilidades de la economía española?

V.P. Las situaciones de crisis siempre ponen de manifiesto las debilidades del sistema, ya que están en la base de la mayor rapidez o lentitud para superar la situación, y en el caso español ha sacado a la luz sus principales carencias, que podemos concretar en un peso excesivo del sector de la construcción y del turismo, ambos sectores intensivos en mano de obra de baja cualificación, y un sector industrial raquítico, por debajo de la media europea.

Retomando el asunto de la baja cualificación, estamos aludiendo a otro de los problemas de nuestra economía que afecta al mercado de trabajo: la falta de personas con cualificación suficiente para atender la demanda de una economía de futuro, basada en la aplicación al trabajo de las nuevas tecnologías. Lo anterior requiere un proceso de reconversión para que las personas provenientes de los sectores indicados puedan ser ocupadas en otras actividades.

Pero en términos más generales, estamos planteando el problema de la necesidad de un cambio en la formación general de nuestros ciudadanos y, especialmente, de un cambio en el sistema educativo. Ahora las personas hacen lo que saben hacer, aquello para lo que se le ha formado, y esto hoy no coincide con lo que demanda el sistema.

Por lo tanto tenemos que reequilibrar los sectores productivos con un mayor peso del sector industrial, lo que precisa de una población activa más formada y, como consecuencia, lo que implicaría una mayor productividad, otro de los problemas actuales, y estos procesos son lentos.

Todo ello, sin dejar de ser una potencia turística, con un sector de la construcción que debe seguir siendo muy importante, el propio hecho turístico así lo requiere, pero dimensionado a las necesidades reales y también sometidos ambos a una reconversión hacía la presencia de las nuevas tecnologías y a las demandas actuales.

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E.B. Los menos optimistas, o quizá los mas realistas, hablan de una lenta recuperación de la economía. ¿usted que opina?

V.P. De la respuesta anterior se desprende que, en mi opinión, la salida será más lenta de lo deseable. Sin embargo, a medio y largo plazo hay que tener una cierta precaución en los pronósticos ya que los cambios de tendencia y su influencia en todos los países en un mundo globalizado es poco previsible y podríamos equivocarnos.

No hay nada más que ver de qué manera se produjo la crisis, cuando en los últimos momentos de auge, previos a la crisis, se seguía vaticinando en algunos entornos que se había conseguido la senda del crecimiento ilimitado.

No obstante, las particularidades de la crisis española hacen que previsiblemente sea más lenta. Ya hemos indicado que procesos de reconversión de mano de obra y de reestructuración de sectores, necesariamente son lentos y si no se adoptan las medidas indicadas una recuperación en esas condiciones, debida a factores exógenos, sería el comienzo de una futura crisis de mayores dimensiones.

E.B. ¿Hasta qué punto dificultará la recuperación económica española el creciente déficit público en el que nos vemos sumergidos?

V.P. En la situación actual es evidente que un déficit público elevado puede dificultar la recuperación de la economía, si el gasto público previo dirigido a mantener la demanda no consigue sus objetivos. El debate está en cual sería la situación si el Estado no hubiera apoyado previamente a los sectores necesitados.

En este sentido ha resurgido el debate sobre si las políticas keynesianas son la que ofrecen las soluciones adecuadas en situaciones como la actual, y parece aceptado, explícitamente por unos y tácitamente por otros, que esto es así.

Sin embargo, el déficit público tiene un límite, no sólo en términos de relación con los ingresos públicos, sino porque pasado un tiempo, la necesidad de devolver la deuda y pagar los intereses de la misma pueden hacer irreversible la vuelta a una situación de normalidad, y aunque estemos lejos de ello hay que estar atentos en momentos de incertidumbre como los que vivimos.

Por otra parte, pasado el primer momento es necesario pasar a políticas de oferta que garanticen un crecimiento a largo plazo, para lo que es necesario no haber agotado la capacidad de endeudamiento.

E.B. ¿Hay que esperar a salir de la crisis o, por el contrario, resulta imperativo plantearse un giro inmediato de nuestro sistema productivo?

V.P. A veces se escucha en las Facultades de Economía que en determinadas situaciones la mejor política económica es la ausencia de ella, pero no es este el caso. De hecho al ritmo al que tienen hoy lugar los acontecimientos, hacen cada vez más improbable que esta actitud funcione.

No hay duda de que hay que adoptar medidas para salir de la crisis lo antes y lo más adecuadas posible, aún cuando en el mundo globalizado en el que nos desenvolvemos, los efectos de la recuperación de los países que lo están haciendo en primer lugar, acabarían trasladándose al nuestro, de la misma manera que se trasladó la crisis a través del sistema financiero. Pero mientras que los efectos de la crisis lo hicieron de forma inmediata y profunda, los efectos de la recuperación serían lentos, débiles y poco consistentes.

Desde el Consejo de Economistas hemos abogado, incluso antes de que se manifestara la crisis actual, por un cambio de modelo productivo, en el que el peso del sector industrial, que actualmente contribuye con el 17,5% a la economía española, se aproxime al que tienen en las economías europeas más desarrolladas o, al menos, a la media, situada por encima del 20%.

En este sentido, el cuadro de mando de la industria española en los próximos años debe pivotar en la innovación tecnológica, tanto de producto como de proceso, el conocimiento, la internacionalización y la sostenibilidad.

E.B. ¿Qué medidas se pueden aplicar para paliar los efectos de la crisis sobre el sector inmobiliario?

V.P. El sector inmobiliario precisa de un proceso de ajuste tras el boom de la década anterior, en el que la construcción de vivienda residencial superó a la de Francia y Alemania juntas. Este ajuste llevará tiempo en producirse, sobre todo si a los problemas de las familias para atender las obligaciones de las hipotecas contraídas cuando el valor de la vivienda está cayendo, hay que sumar las dificultades existentes en estos momentos para obtener créditos.

Muchos de los activos inmobiliarios están pasando a manos de las entidades financieras, con el consiguiente perjuicio en sus balances, lo que hará que los efectos en el mercado inmobiliario, que ahora se están mitigando, se alarguen en el tiempo.

Por otra parte, existe, como ya hemos comentado, un problema muy importante con la mano de obra que proviene del sector inmobiliario por su falta de cualificacion y dificultades para reubicarse en otros sectores. Incluso cuando se reactive el sector debe hacerlo mejorando su productividad, con la utilización de técnicas menos intensivas en mano de obra.

A corto y medio plazo, en tanto se produce el ajuste del sector, las medidas deben de ir, por una parte incrementando la oferta de obra pública para reducir en lo posible la caída del sector, favoreciendo subsectores como la rehabilitación de edificios, la adaptación a los nuevos estándares de habitabilidad y de accesibilidad, la adaptación al ahorro energético y a las fuentes de energía renovables, etc., que tienen un gran recorrido.

E.B. ¿Está de acuerdo con las iniciativas que hasta el momento ha adoptado el Gobierno?

V.P. El Ejecutivo tardó mucho tiempo en reconocer la crisis y su profundidad, lo que dificultó la posibilidad de adoptar un plan serio desde un principio, y esto le llevó a adoptar medidas que después se fueron convirtiendo en un plan, en lugar de haber seguido el proceso contrario, que hubiera sido el lógico.

No obstante, hay que reconocer que ha tomado medidas adecuadas, similares a las adoptadas por otros países, para hacer frente a la situación de shock inicial, con las ayudas al sistema financiero, la puesta en marcha del plan E o las ayudas al sector del automóvil, si bien es posible que no haya sabido explicarlo.

A partir de aquí, las medidas a medio plazo, fundamentalmente de oferta, y a largo plazo, medidas estructurales, ambas a las que ya nos hemos referido anteriormente, están pendientes.

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E.B. A medida que Europa se recupera de la crisis aumenta el riesgo de inflación y, como consecuencia, es probable que aumenten los tipos ¿cómo podrá responder nuestra economía a ese nuevo marco?

V.P. Los últimos datos conocidos parecen indicar que habrá un repunte de los tipos a partir del segundo semestre del año, pero no creemos que será un tema preocupante, si bien es cierto que en España vamos con un cierto desfase y si para entonces la economía no ha dado muestras de recuperación, no será un elemento favorable.

Lo mismo, o al contrario, depende como se interprete, pasó cuando la economía crecía a tasas relevantes con tipos muy bajos, que no contribuían precisamente a enfriarla.

E.B. ¿En qué nos beneficiará la presidencia española de la Unión Europea?

V.P. La presidencia de la Unión Europea es un escaparate que permitirá que España, a través de su Presidente sea motivo de atención en todo el mundo, por lo que en un momento en el que las noticias sobre nuestra economía no suelen ser favorables, constituye una ocasión para modificar nuestra imagen si las cosas se hacen bien. Y en este mundo globalizado la imagen es valor.

A pesar de ciertos balbuceos en el inicio de la presidencia y un cierto recibimiento frío por algunos países de la Comunidad, creemos que la presidencia española será un éxito, como lo fueron las anteriores, y nuestra imagen mejorará.

Únicamente el riesgo de que una dedicación excesiva a los problemas que tiene la propia UE produjera una desatención a los propios que aquejan a nuestra economía, podría ser un elemento a tener en cuenta, por otra parte fácilmente enjugable si pensamos que, más allá de las particularidades de nuestra situación, estamos hablando de problemas semejantes en todos los países de la Unión.


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